Poder y coerción en la base de la violencia sexual en contexto de represión política

La violencia sexual es, en términos generales, el ataque o la invasión a la sexualidad y al cuerpo de una persona, generalmente mujer, dentro de una relación de poder donde no existen iguales que consienten; es una relación dispar, hay quien detenta el lugar de poder y quien se encuentra en el lugar de subordinación.

Esta relación de poder que existe entre víctima-victimario puede estar dada por diversos factores, por ejemplo, por la superioridad en edad o por la fuerza física de quien agrede, por su poder económico o político, por el uso de armas, por pertenecer a un grupo o por representar una figura de autoridad para la víctima; son muchos los factores que demarcan las diversas relaciones de poder que puedan existir en determinado momento.

La mayoría de las veces este poder se expresa en forma coerción, es decir, en forma de presión o amenaza de violencia, para forzar una conducta o un cambio de voluntad. Hay que decir además, que esta presión o amenaza puede ser tácita o explicita y no siempre se requiere la aplicación de la fuerza física directa para imponer el poder, no es necesario, la coerción en sí misma genera represión, restricción o inhibición.

Se puede afirmar que existen tantos contextos de coerción en los que se pueden presentar la violencia sexual como formas de relación de poder existen, siendo el contexto de represión política por agentes del Estado uno más de estos. La figura de una persona uniformada portando un armamento ante una persona civil es, en sí misma, un elemento intimidante, además, el poder está de su lado, la persona está armada y es “la autoridad”. Si a esto le sumamos algún gesto, frases o comportamiento que denote presión o amenaza y nos encontramos, por ejemplo, en un lugar de detención, tenemos un ambiente completo de coerción.

Es preciso enfatizar que, en los casos de violencia sexual durante detenciones, el ambiente de coerción creado por la detención en sí anula la posibilidad de un consentimiento genuino al contacto sexual por parte de la víctima. La violencia sexual en el contexto de represión política no está motivada por un deseo sexual del victimario hacia la víctima, obedece a la voluntad de destruir el tejido social y familiar de una comunidad determinada. Los cuerpos de las víctimas se convierten en transmisores de mensajes de humillación, control y poder.

La violencia sexual en el contexto de represión política opera en 2 dimensiones, una dimensión individual dirigida a someter a la víctima mediante el terror de los actos sexuales; y una dimensión colectiva, que busca humillar a toda la comunidad “enemiga” y no sólo a la víctima.

LA VIOLENCIA SEXUAL ES EL MEDIO PARA TRANSMITIR UN MENSAJE DE HUMILLACIÓN Y PODER QUE BUSCA ROMPER EL TEJIDO COLECTIVO Y SOLIDARIO, CONTROLAR, INTIMIDAR E IMPLANTAR LA IMPUNIDAD Y TRANSFORMAR LA POBLACIÓN

Magdymar León Torrealba – Psicóloga Clínica, feminista, coordinadora ejecutiva de AVESA